“Intentar entender la crisis financiera que se desató en el 2008 viendo Inside Job es algo así como estudiar la teoría matemática de los juegos viendo la película WarGames“.
Por Alejandro Jenkins Villalobos
Inside Job: Reseña
En su reseña del documental Inside Job (2010) del director Charles Ferguson, quien pone a nadie menos que a Matt Damon a narrar su historia de los eventos que condujeron a la crisis financiera de 2008, Peter Bradshaw escribió en el diario izquierdista inglés The Guardian que la película es “tan apasionante como cualquier film de suspenso”.
Por su parte, Carlos Boyero, escribiendo en El País, se refirió a la obra de Ferguson como una “clase magistral” en economía.
Mientras tal elogio a Inside Job por parte de los medios de izquierda no causa sorpresa alguna, me resultó asombroso leer en el diario británico Daily Telegraph, normalmente un acérrimo defensor del libre mercado, que la película de Ferguson era una “abrasadora y elegante explicación” del desplome de Wall Street en el otoño de 2008.
Tras la cálida acogida que recibió en los medios globales, Inside Job barrió a la competencia en los Premios de la Academia y ganó el Oscar por el mejor documental este año. Dado el éxito de la película, la versión de Ferguson se ha convertido en la explicación estándar de la crisis financiera entre una porción considerable del público.
Sin embargo, cualquier persona que vea la película con un ojo crítico- el cual no exhibe ninguna de las reseñas que he mencionado- se dará cuenta que Ferguson, aunque sea por omisión, presenta una interpretación bastante sesgada, simplista y hasta manipuladora de los acontecimientos que empujaron al mundo financiero hasta el abismo y más allá hace unos años.
Por eso me alegro que Alejandro Jenkins haya escrito la siguiente reseña, la cual espero que ayude a desacreditar el mito que Inside Job es el equivalente de un texto sagrado que contiene la verdad absoluta e incuestionable acerca de las causas de la crisis financiera.
Daniel Raisbeck
Inside Job: Reseña por Alejandro Jenkins
Por fin encontré el tiempo y la fuerza de ánimo para ver Inside Job. Definitivamente es una película entretenida, pero confirmó mi sospecha acerca de la inherente deficiencia del cine para tratar seriamente cualquier tema analítico complicado, en este caso las finanzas. Intentar entender la crisis financiera que se desató en el 2008 viendo Inside Job es algo así como estudiar la teoría matemática de los juegos viendo la película WarGames.
Primero, la película insinúa reiteradamente que el comercio de “derivadas financieras” fue un acto fraudulento. Esta es la impresión que deja al mencionar esta práctica junto a asuntos no relacionados como el lavado de dinero o la estafa de clientes que no hablan inglés y que fueron convencidos de que deberían firmar contratos que no entendían (o incluso que supuestamente los banqueros de Wall Street tuvieran la costumbre de cubrir el pago de prostitutas con sus cuentas de gastos). Pero las derivadas hubieran sido fraudulentas únicamente si los individuos que las vendían engañaban a los compradores de manera deliberada acerca del contenido del producto. La película, sin embargo, no presenta ninguna prueba de esto y yo estoy convencido de que este no fue el caso. Resulta absurdo usar como evidencia de intención fraudulenta el hecho que un banco vendiera una inversión a un comprador dispuesto y al mismo tiempo “apostara” en contra en sus propias inversiones. Diversificar para poder sacar provecho de algunas inversiones en caso de que bajen los precios- lo que en inglés se llama hedging- es una manera habitual de manejar el riesgo financiero.
“Las derivadas hubieran sido fraudulentas únicamente si los individuos que las vendían engañaban a los compradores de manera deliberada acerca del contenido del producto”.
Segundo, Inside Job presenta algunos argumentos válidos acerca de los incentivos perversos de los corredores de bolsa, de los ejecutivos y de las agencias de calificación de riesgo para promover inversiones arriesgadas, pues éstos se benefician a corto plazo pero no seguirían necesariamente presentes si las cosas eventualmente se iban al diablo. Pero la película sistemáticamente se niega a mencionar el punto absolutamente esencial de que esta gente ha sido contratada libremente por compañías cuyos dueños tienen todas las de perder si las inversiones fracasan.
“Inside Job no menciona el hecho de que la gran mayoría de los economistas actualmente están de acuerdo que la burbuja del mercado inmobiliario no fue totalmente un fenómeno del libre mercado”.
Tercero, Inside Job alude reiteradamente a que individuos como Alan Greenspan, Larry Summers y Ben Bernanke rehusaron ser entrevistados para la película. De hecho, parece haber sido una decisión bastante sabia de su parte dada la manera vergonzosa en que se editaron algunas de las entrevistas. Por ejemplo, muestra a un profesor universitario mientras titubea al formular una respuesta a una pregunta, pero no nos deja ver la respuesta en sí.
Cuarto, la película, con razón, trae a la luz el asunto del “apalancamiento” excesivo, es decir, de invertir con dinero casi totalmente prestado. Sin embargo, Inside Job no aclara que lo que esto en realidad significa es que cuando el mercado hipotecario colapsó y los inversionistas masivamente se declararon en bancarrota, fueron los bancos (los villanos de la historia según el director) los que se quedaron con la factura en la mano.
“Inside Job llega al extremo totalmente irrazonable de condenar como intelectualmente fraudulenta a toda la disciplina de la economía académica”.
Quinto, la película menciona a varios economistas destacados que, en retrospectiva, obviamente se equivocaron en su evaluación de la salud de los mercados financieros en el período anterior a la crisis. Pero, basándose solo en el hecho de que algunos de estos economistas recibieron beneficios económicos al trabajar como consultores para firmas financieras, da a entender no sólo que tales individuos estaban promoviendo lo que ellos sabían que eran malas inversiones, sino que llega al extremo totalmente irrazonable de condenar como intelectualmente fraudulenta a toda la disciplina de la economía académica.
Sexto, la película nunca menciona detalles que pudieran resultar inconvenientes para su argumento, como el hecho de que las empresas de capital abierto Fanny Mae y Freddy Mac siempre fueron respaldadas por el gobierno federal de EE. UU. y que estaban garantizando muchas de las hipotecas de alto riesgo en nombre del entonces aparentemente noble ideal político de permitirle a familias pobres acceder a una casa propia. Tampoco se menciona en ninguna parte el hecho de que la gran mayoría de los economistas actualmente están de acuerdo que la burbuja del mercado inmobiliario no fue totalmente un fenómeno del libre mercado, sino que también fue promovida por la inusitada inyección de dinero con que el Banco de la Reserva Federal (el “Fed”) respondió a la anterior crisis financiera del 2000.
Séptimo, la película incoherentemente culpa al gobierno de EE. UU. tanto por permitir el fracaso del banco de inversión Lehman Brothers como por rescatar a la aseguradora AIG. También critica a Hank Paulson por vender con provecho sus acciones de Goldman Sachs antes de convertirse en secretario del Departamento del Tesoro, pero a la vez sugiere que Paulson tenía un conflicto de interés a la hora de tratar con esa firma (cuando, por supuesto, fue precisamente para evitar ese conflicto de interés que la ley lo obligó a vender sus acciones).
“La película sostiene que el colapso del mercado inmobiliario en 2008 fue el mayor crash financiero de la historia. En realidad, la caída de las acciones ‘punto com’ del 2000 costó tres veces más”.
Octavo, la película concluye con la valiente queja de que la administración de Obama no haya recolectado nada del dinero usado para compensar a los ejecutivos de las empresas financieras. Por supuesto que no lo hizo. ¡Hubiera sido del todo inconstitucional multar a individuos por actuar de una manera que no era ilegal en ese momento!
Adicionalmente, la película sostiene que el colapso del mercado inmobiliario en 2008 fue el mayor crash financiero de la historia. En realidad, la caída de las acciones “punto com” del 2000 costó tres veces más ($10 billones vs. $ 3 billones). Según el premio Nobel en economía Vernon Smith, (quien, junto con Steven Gjerstad, ha publicado los que me parecen a mí ser los análisis más convincentes del origen y mecanismo de la última crisis financiera) la razón por la cual la recesión que vino tras la crisis de los bienes raíces fue mucho más grave para la economía en general fue el apalancamiento excesivo. Y acá el problema no fue, como la película insiste, tanto la “desregulación” como el hecho de que las nuevas “derivadas financieras” (inventadas con el propósito legítimo de ayudar a manejar el riesgo de las inversiones en el mercado hipotecario) nunca estuvieron sujetas a límites legales al apalancamiento.
Por último, los cineastas le dan gran importancia al hecho de que un profesor de administración de empresas de la Universidad de Columbia haya escrito un informe para la Cámara de Comercio de Islandia en el cual aseguraba que el sector financiero islandés estaba en buen estado a principios de 2006, sobre todo porque el documento no dice que el profesor fue remunerado con $126.000 por ese trabajo. Luego le preguntan al director del departamento de economía de Harvard si esto no es el equivalente de que un investigador médico escriba que una droga es segura sin revelar que está en la nómina de la compañía farmacéutica. El catedrático aparece en la pantalla mientras vacila al intentar fomular una respuesta, pero los cineastas no nos muestran la respuesta en sí.
“La parte más absurda de Inside Job son los sermones de ética que dicta el asesor principal a los reguladores bancarios de China, quizás el país con el mayor grado de corrupción y falta de transparencia financiera en el mundo”.
Pero, si uno considera el asunto por unos momentos, resulta obvio que un documento que dice “Cámara de Comercio de Islandia” en la portada no es una investigación académica, sino un informe contratado por esa institución. Es como si un informe sobre la seguridad de un medicamento fuera publicado por su productor: quien lo lea le dará el peso y la credibilidad que crea que tenga. Además, no es muy creíble pensar que un profesor de una escuela de administración de primer nivel deliberadamente haya puesto en peligro su reputación por $126.000.
También me pareció muy curioso que el Prof. Martin Feldstein, de la Universidad de Harvard, quedara dentro del elenco de los villanos sin razón aparente (aparte de haber pertenecido a la junta de AIG) mientras que los economistas del Fondo Monetario Internacional -Kenneth Rogoff, Raghuram Rajan y Dominique Strauss-Kahn- hacen de buenos en la película. Pero la parte más absurda de Inside Job son los sermones de ética que dicta el asesor principal a los reguladores bancarios de China, quizás el país con el mayor grado de corrupción y falta de transparencia financiera en el mundo.
Alejandro Jenkins Villalobos
