El verdadero acto de rebelión en la época de la adolescencia perpetua consiste en envejecer de la manera más rápida y más patente posible.
Por Juan La Motte
Jóvenes vejestorios
Desde la expulsión del Edén, más de una generación se ha rebelado contra la anterior, normalmente sin éxito. Pero la victoria de la rebelión de los 1960’s contra virtualmente todo lo establecido fue tan completa que, hoy por hoy, pasa casi desapercibida. Por lo menos en Europa occidental, lo que una vez fue escandaloso se ha vuelto tan normal que hoy es sencillamente aburrido. Declararse yogui, ateo o nudista; asistir a un concierto donde individuos con ‘rastas’ y tatuajes se revuelcan en el lodo en medio de un delirio psicodélico colectivo; encontrarse con una muchedumbre de fanáticos del fútbol con los colores de algún equipo pintados en la cara; presenciar exhibiciones ‘artísticas’ que consisten exclusivamente de objetos fálicos colgando del techo o de colombinas multicolores depositadas en una esquina; la reacción más común que todo esto inspira hoy en día es un largo bostezo.
Sin embargo, la victoria de una rebelión no significa que el espíritu rebelde se extinga del todo en las futuras generaciones, y por eso surge la pregunta de si es posible para el joven actual rebelarse contra la cultura de la rebelión- la cultura de los sans-culottes, del bluyín y del piercing- que se ha vuelto dominante.
Afortunadamente, algunos pocos han caído en cuenta de que el verdadero acto de rebelión en la época de la adolescencia perpetua consiste en envejecer de la manera más rápida y más patente posible.
“Los jóvenes vejestorios son hombres entre los 15 y 40 años que rechazan la esencia de la vida moderna y cuyos gustos y vestimenta reflejaban su nostalgia por el pasado distante”.
Ya en 1983, Alan Watkins, escribiendo en la revista británica The Spectator, notó el surgimiento de los jóvenes vejestorios o “young fogeys”, la palabra fogey denominando una persona mayor ultra-conservadora y de pensamiento anticuado. Según Watkins, los jóvenes vejestorios son hombres entre los 15 y 40 años que rechazan la esencia de la vida moderna y cuyos gustos y vestimenta reflejan su nostalgia por el pasado distante.
El estilo sartorial del joven vejestorio es lo que primordialmente lo distingue de sus contemporáneos. Generalmente lleva puesto un terno de tweed hecho por su sastre, muchas veces con una gorra como cuarta pieza. Es frecuente, sin embargo, que tales prendas sean heredadas, por lo cual la chaqueta lleva parches en los codos y el tamaño del atuendo no siempre es el del joven vejestorio.
El corbatín como accesorio es un sine qua non, tal como lo son las tirantas que generalmente sostienen el pantalón, el cual frecuentemente es de pana, por encima del nivel del ombligo. Normalmente se puede reconocer al joven vejestorio por sus zapatos bajos de cuero grueso bien brillados.
Según el político Conservador Daniel Hannan, quien representa al suroriente de Inglaterra en el Parlamento Europeo y frecuentemente salpica sus discursos euroescépticos con frases latinas como pactio olisipiensis censenda est(“el Tratado de Lisboa debe ser sometido a una votación”) y citas de Rudyard Kipling, la lista de accesorios del joven vejestorio incluye un bastón con puño de plata y un monóculo. Por su parte, Harry Mount, quien en 2003 escribió un artículo en The Spectator lamentando la desaparición del joven vejestorio, también menciona “los cuellos altos, solapas anchas y chalecos cruzados” como prendas típicas.
“Generalmente, el joven vejestorio lleva puesto un terno de tweed hecho por su sastre, muchas veces con una gorra como cuarta pieza”.
En cuanto a la política, los jóvenes vejestorios de los 80’s que describía Watson eran “libertarios pero no socialmente liberales. Conservadores pero sin tener admiración alguna por Margaret Thatcher…” Hoy en día, el joven vejestorio se alegra por tener un gobierno compuesto de ex-alumnos de ‘escuelas públicas’- es decir, internados exclusivos- pero critica al Primer Ministro David Cameron por haber modernizado el Partido Conservador, por su alianza con los Liberales Demócratas y por ser demasiado cercano a la Unión Europea. Sin embargo, siente algo de consuelo por tener entre los diputados de Westminster a uno de los suyos: el joven vejestorio Jacob Rees-Mogg, quien durante una campaña electoral pasada fue acompañado por su niñera mientras repartía panfletos en el distrito industrial de Central Fife, un fortín tradicional de la izquierda laborista.
Culturalmente, el joven vejestorio tiende a ser erudito y a tener gustos anticuarios. Watkins escribe que el joven vejestorio casi siempre es un fiel conocedor de la obra del novelista inglés Evelyn Waugh. Según otras fuentes, los escritos de G.K. Chesterton, de C.S. Lewis y de P.G. Wodehouse también ocupan un lugar selecto dentro de su voluminosa biblioteca. Sobra decir que el joven vejestorio no posee una televisión, ni tampoco se le ocurriría reemplazar su gramófono por un “equipo de sonido” moderno.
En cuanto a la música, se habla de una división interna entre el campo de los jóvenes vejestorios: están aquellos que se oponen estéticamente a cualquier obra compuesta después de la muerte de Bach, y otros que defienden el valor de obras posteriores, en especial la de Chopin y Debussy. Cuando surge una discusión entre estas dos facciones, se intercambian insultos como “holgazán” o “canalla” y hasta se retan a duelos, sobre todo si se ha bebido demasiado vino de Oporto durante la velada.
“El joven vejestorio casi siempre es un fiel conocedor de la obra del novelista inglés Evelyn Waugh”.
Para mantenerse informado sin tener que consumir opiniones progresistas, el joven vejestorio lee el diario Daily Telegraph, pues piensa que el Times de Londres “lamentablemente ya no es lo que fue”.
En cuestiones espirituales, el joven vejestorio es “serenamente religioso y pertenece a La Iglesia de Inglaterra o a la Iglesia Católica”. En caso de ser católico, va regularmente a misa, pero únicamente si esta se celebra en latín, pues rechaza por completo las medidas y las ideas del Concilio Vaticano II.
Una característica común entre prácticamente todos los jóvenes vejestorios es su desprecio por la arquitectura moderna o post-moderna, la cual critica por su vacía banalidad mientras añora la gloria de los edificios clásico y góticos que, según el filósofo Roger Scruton, “solían yacer orgullosamente en las calles sin ser una farsa de sí mismos.” Si el joven vejestorio construye una casa, se asegura de que la estructura se base en las tres cualidades clásicas- firmeza, utilidad y belleza (firmitas, utilitas, venustas)- formuladas por Vitruvio, a quien seguramente ha leído en latín, pero con énfasis particular en la tercera.
“En caso de ser católico, va regularmente a misa, pero únicamente si esta se celebra en latín, pues rechaza por completo las medidas y las ideas del Segundo Concilio del Vaticano”.
Sus aposentos son de techos muy altos y de pasillos largos; en las paredes cuelgan cabezas de animales salvajes, retratos al óleo de antepasados en frac o en uniforme militar al igual que mapas antiguos. Los muebles son de siglos anteriores y suelen ser heredados, y ciertamente no es raro encontrar un tapete persa muy raído sobre un piso de madera oscura y crujiente. Tampoco falta un sillón favorito junto a la ventana, el cual es reservado para tardes dedicadas a leer The Spectator o Country Life, revista dedicada a los placeres de la vida campestre, y a fumar pipa en compañía de un perro de cacería.
El joven vejestorio lamenta el surgimiento del supermercado a costa de la panadería, la quesería y la charcutería tradicional. Le parece vulgar la moda de salir a trotar, pero sí es un amante de las caminatas y de los jardines. Prefiere la vida rural, pero si vive en una ciudad, su método de transporte preferido es una bicicleta holandesa negra con un manubrio elevado, sobre el cual se encuentra ajustada una canasta de mimbre. Cuando viaja, lo hace en tren, pues le parecen insoportables los aeropuertos.
Si la época moderna empezó en 1789, como suponen ciertos historiadores, el movimiento de los jóvenes vejestorios se fundó con la publicación de la obra reaccionaria de Edmund Burke. Tal como el autor de las Reflexiones acerca de la Revolución Francesa, el joven vejestorio muchas veces decide ser abogado a la hora de escoger una carrera.
“Una característica común entre prácticamente todos los jóvenes vejestorios es su desprecio por la arquitectura moderna o post-moderna”.
Es más frecuente, sin embargo, que se decida por un campo académico anticuado y poco mundano. Las lenguas clásicas (griego y latín), la historia medieval, la arquitectura gótica, la preservación del arte o la poesía lírica alemana son fortines académicos de los jóvenes vejestorios, y muy seguramente por eso el único libro dedicado a ellos tiene como título: El manual del joven vejestorio: una guía al descenso económico.
Los jóvenes vejestorios no sólo se encuentran en Gran Bretaña, pues su vocación parece ser universal. En abril de este año, en la ciudad alemana de Oldenburg se llevó a cabo la primera ‘vuelta del tweed’, un paseo en bicicleta por la antigua ciudad y sus alrededores culminando con un té tradicional, cuyo propósito era celebrar la idea de que “todo alemán del norte es en realidad inglés”, un concepto que no hubiera caído muy bien entre las autoridades en la década de los 30’s y en la primera mitad de los 40’s. Participaron vejestorios jóvenes y no tan jóvenes en trajes de tweed y corbatín. Fueron vistos más de un monóculo y varias canastas de mimbre, tal como en eventos similares que se han organizado a través de Europa y sobre todo en las antiguas colonias del Imperio Británico.
“Si la época moderna empezó en 1789, como suponen ciertos historiadores, el movimiento de los jóvenes vejestorios se fundó con la publicación de la obra reaccionaria de Edmund Burke”.
También en Latinoamérica se puede presenciar el surgimiento del joven vejestorio, aunque en nuestro rincón del mundo éste tiene sus propias tradiciones y sus propios ídolos. Uno de ellos es Jorge Luis Borges, a quien el joven vejestorio exalta no sólo por su obra y sus personajes como Ireneo Funes, sino también por frases célebres como: “el fútbol es un tema que ignoro profundamente”, o, al explicar por qué apoyaba al minoritario Partido Conservador Demócrata de Argentina: “a un caballero solo le interesan las causas perdidas”.
Casi sin excepción, el joven vejestorio latinoamericano idolatra la obra y la persona de Nicolás Gómez Dávila, y hasta cree que debería ser beatificado. Según ciertos reportajes, se han organizado peregrinajes de jóvenes vejestorios hasta la señorial casa del gran reaccionario sólo para poder apreciar la biblioteca desde donde fustigó a la modernidad con sus aforismos.
En general, el joven vejestorio bogotano disfruta de una gran ventaja pues tiene un modelo: el de su abuelo cachaco. Por lo tanto se le ve de traje negro y gabardina mientras defiende las corridas de toros por razones estéticas, o mientras recorre las salas del Museo Nacional, paraguas en mano, observando armaduras, espadas y los retratos de sus ancestros.
“En general, el joven vejestorio bogotano disfruta de una gran ventaja pues tiene a un modelo: al de su abuelo cachaco”.
El joven vejestorio criollo le da una importancia particular a hablar de manera correcta, y por lo tanto desprecia la palabra ‘man’ para referirse a un tercero, aunque sí usa regularmente el sustantivo ‘ pisco’. Un pisco puede ser bueno o, más frecuentemente, simpático, pero si es despreciable es un chisgarabís. Mientras a sus contemporáneos les pueda parecer una cosa ‘chévere’, el joven vejestorio, cuando aprueba de algo, comenta que es ‘de raca mandaca’.
Sin embargo, en una época en la cual predominan palabras como ‘bacano’, ‘tuza’, ‘parce’ o ‘parchar’, el joven vejestorio trata de pasar la mayoría de su tiempo leyendo poesía épica en su biblioteca, en algún club antiguo o, en general, en aquellos pocos lugares donde todavía es necesario llevar puesto saco y corbata para ingresar.
Aunque el aislamiento del joven vejestorio criollo es una prueba de que la suya es una causa perdida, decide, como Borges, aferrarse a ella de manera quijotesca.
Juan La Motte



Muy buen artículo! Hace una descripción precisa del gran esfuerzo que implica rebelarse contra la modernidad y la moda, y ser fiel a los principios. No se mencionan dos aspectos importantes de estos jóvenes vejestorios como son la colonia que usan (normalmente algo clásico como Roger Gallet o agua de colonia) y las mujeres que buscan, algo vital a la hora de dejar de ser una especie en vías de extinción…