El consumo de droga y la drogadicción está incrementando en Colombia. Hay mucho trabajo por hacer para combatir este fenómeno.
Por Gustavo Silva Cano
Colombia, la consumidora de droga
Tristemente, Colombia es notoria por su industria exportadora de droga. Las historias colombianas de sangre, muerte y desplazamiento relacionadas con el narcotráfico simplemente no tienen paralelo en nuestro hemisferio. Recientemente, leí un artículo en la revista mexicana Nexos en el que el autor vehementemente negaba que una “colombianización” de México estuviera en ciernes. La guerra mexicana contra las drogas, decía el artículo, aún no alcanza los horrendos niveles de violencia vistos en Colombia. Leer eso me llenó de ira. Y así me sucede cada vez que veo el nombre de Colombia transformado en un sustantivo para describir situaciones de corrupción, terrorismo y conflictos por droga. Ciertamente, Colombia tiene una escalofriante historia reciente, pero me duele cada vez que otra gente toma mi país como el anti-ejemplo, como la oveja negra, como si señalaran y exclamaran: “¡Gracias a Dios no somos como ellos!”
“Las personas entre los 18 y los 24 años tienen mucha más probabilidad de conocer la droga que cualquier otro grupo de edad.”
Ser el principal exportador de cocaína sí que es duro. Pero hoy no pienso escribir del Plan Colombia, de la erradicación de las drogas, de las FARC, ni de mulas colombianas que acaban encarceladas en el extranjero. En cambio, quiero escribir sobre otro aspecto del negocio de las drogas que recibe muy poca atención relativamente hablando.
Estoy hablando del consumo de drogas en Colombia. Estoy seguro de que mucha gente de afuera se preguntará cuáles son los patrones de consumo en un país que produce más de 500 toneladas de cocaína pura al año. ¿Se trabará la gente todo el tiempo? ¿Está el consumo fuera de control en Colombia? ¿Son las drogas parte de la vida cotidiana como, por ejemplo, el café? En esta columna me gustaría destruir algunos preconceptos que se puedan tener sobre este tema, así como llamar la atención sobre algunas dramáticas estadísticas que muchos colombianos ignoran.
Hay algunos reportes sobre el consumo de drogas en Colombia. El gobierno ha tomado interés en la materia y el Ministerio de Protección Social nombró un “Coordinador para la Reducción del Consumo de Sustancias Psicoactivas”. En 2008, varias agencias del gobierno y algunos ministerios unieron fuerzas para crear un “Estudio Nacional” de consumo de droga, basado en una encuesta de 29,000 personas entre los 12 y los 65 años en todo el país.
El estudio muestra las dimensiones y las características sociales del consumo de droga en Colombia. Según los resultados, un 9.1% de los colombianos ha consumido drogas por lo menos una vez en la vida, mientras que un 2.7% dijo haberlo hecho en el último año (2007-2008). Eso significa que hay más de 541,000 colombianos que han usado drogas recientemente. Para los que sepan algo de estadística, el intervalo de confianza de 95% para el número total de consumidores fue 468,000 a 614,000. La marihuana es la droga preferida por los colombianos (2.3% la fuman), seguida de la cocaína (0.72% la inhalan).
De este medio millón de colombianos que son consumidores de droga, el Estudio Nacional calcula que hay un 55% (297,000) que son drogadictos. Esto quiere decir que cada año hay alrededor de 270,000 colombianos que usan drogas ocasionalmente y sólo por diversión. Quizás no sea sorprendente que la mayoría de consumidores de droga sean los hombres y los jóvenes: mientras que el porcentaje de mujeres que consumen drogas es apenas el 1.2%, un 4.5% de los hombres colombianos lo hacen. Las personas entre los 18 y los 24 años tienen mucha más probabilidad de conocer la droga que cualquier otro grupo de edad: aproximadamente un 6% de ellos usa drogas. Comparando, sólo un 3.8% de las personas que tienen entre 25 y 34 años son consumidores, mientras que esa cifra apenas llega al 1.04% para los que están entre los 35 y los 44 años.
“Mi papá siempre me ha dicho que “los ricos son los que más meten”, pero ahora veo que se equivoca.”
El estudio también encontró que hay diferencias en el consumo de droga dependiendo de la clase social y la ubicación geográfica dentro del país. El estrato 4 tiene mayor prevalencia de uso de drogas que cualquier otro. Más o menos un 4.2% de los habitantes de estrato 4 consumen droga, mientras que la cifra no alcanza el 3% en ningún otro estrato. Mi papá siempre me ha dicho que “los ricos son los que más meten”, pero ahora veo que se equivoca.
Las diferencias regionales también muestran patrones interesantes: Medellín tiene más consumidores de droga como porcentaje de la población que cualquier otra ciudad colombiana. Y por mucho: 6.3% de los habitantes de la capital de la montaña usan drogas, mientras que la cifra es 4.9% para los caleños y 2.86% para los bogotanos. Esta diferencia es tan abismal que significa que Medellín, con menos de la mitad de habitantes, tiene más consumidores de droga que Bogotá. En número de drogadictos en Medellín sobrepasa en 20.000 a los de la capital de la república. Sin duda, su lugar en el corazón de la industria del narcotráfico es la raíz del problema de consumo de droga en Medellín. Los departamentos donde hay menos prevalencia en el consumo de sustancias psicoactivas son Huila (0.06%), Norte de Santander (0.38%) y Boyacá (0.59%).
“El gobierno está en mora de aumentar seriamente los esfuerzos para reducir la demanda de droga en Colombia.”
Así pues, Colombia no es el paraíso del consumo de droga que muchos podrían pensar. La prevalencia anual del uso de cocaína es menor en Colombia (0.7%) que en Estados Unidos (2.8% – vea el World Drug Report de la ONU), Canadá (2.3%), España (3%) y algunos países suramericanos como Argentina (2.7%) o Chile (1.3%). Sin embargo, la situación en las grandes ciudades colombianas, sobre todo Medellín, requiere acción inmediata del Estado. Quizás podríamos hablar de una “americanización” o una “hispanización” de los patrones de consumo de droga en las urbes colombianas. Esto preocupa bastante. Los consumidores de droga tienen mayor riesgo de sufrir de depresiones, ansiedad, desórdenes de pánico, enfermedades respiratorias y algunas condiciones cardiacas. Un estudio hecho en 2008 con pacientes colombianos halló que hay una diferencia s estadísticamente significativa entre las tasas de estas enfermedades en consumidores de droga y las de no consumidores. Hay una relación innegable entre droga y enfermedad.
El gobierno está en mora de aumentar seriamente los esfuerzos para reducir la demanda de droga en Colombia. En 2006, el presupuesto con este fin fue de apenas 39 mil millones de pesos. Parece que el “Coordinador para la Reducción del Consumo de Sustancias Psicoactivas”, quienquiera que sea, tiene mucho trabajo por hacer.
Gustavo Silva Cano
Gustavo Silva Cano es internacionalista de la Universidad de Princeton y autor de blog de www.colombiareports.com
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