¿Cuáles son los prospectos del libre comercio en la región?
Por Daniel Balke
¿Cuál es el futuro de la integración comercial en las Américas? Existen por lo menos tres escenarios factibles.
Primero, podría revivir el estancado intento de crear el Área de Libre Comercio de las Américas. Segundo, podríamos ver aun más negociaciones de tratados de libre comercio bilaterales y regionales. Tercero, en pos de la crisis económica global de 2008-2009, es posible que los países del Hemisferio Occidental opten por restaurar una política basada en las medidas proteccionistas, tal como ocurrió después de la Gran Depresión de los 1930’s y en la era de “industrialización por sustitución de importaciones.” Aparte de estas posibilidades, también es viable que estemos al borde de desarrollos imprevistos en el campo de las relaciones comerciales en la región.
¿Cuál escenario es el más probable, si alguno lo es del todo? Antes de evaluar las distintas posibilidades, es necesario repasar la historia del comercio regional durante las últimas décadas y analizar su desarrollo hasta la coyuntura actual.
La reforma neoliberal y la adopción del comercio libre
A principios de la década de los 1980’s, México y otros países latinoamericanos sufrieron una sucesión de crisis de deuda. Al borde del colapso financiero, varios gobiernos de la región optaron por adoptar la financiación de emergencia que les ofrecieron los Estados Unidos e instituciones financieras internacionales tal como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Pero los préstamos de Washington y de las organizaciones internacionales fueron entregados bajo la condición que los países latinoamericanos adoptaran una serie de reformas económicas cuyo propósito era promover el libre mercado y disminuir el papel del estado dentro de los asuntos económicos.
Estas reformas, infamemente apodadas el “consenso de Washington” por el economista John Williamson, incitaban a los gobiernos a equilibrar sus presupuestos, privatizar sus empresas públicas y abrir las puertas de sus economías al comercio y a la inversión internacional.
“Tras el ‘consenso de Washington,’ América Latina efectivamente le dio la bienvenida a la integración con la economía global.”
Al adoptar tales políticas, los gobiernos latinoamericanos efectivamente dejaron atrás la era de sustitución de importaciones, un modelo que condenaba la dependencia en la exportación de productos básicos y primarios mientras defendía el desarrollo de la industria doméstica, lo cual se debería llevar a cabo por medio de restricciones contra la competencia extranjera. Al tomar estas medidas a favor del libre mercado, América Latina efectivamente le dio la bienvenida a la integración con la economía global.
Al concluir la era de la sustitución de importaciones, los países de la región actuaron de una manera agresiva para atraer la inversión extranjera. Muchos consideraron que incrementar su acceso al mercado de EEUU debía ser la meta principal de sus esfuerzos. Bajo este contexto, se firmaron o empezaron a negociar varios tratados de libre comercio, incluyendo acuerdos sub-regionales tal como el NAFTA, el CAFTA y tratados bilaterales tal como aquellos entre EEUU y Chile, Perú, Colombia y Panamá (el Congreso de EEUU todavía no ha aprobado los tratados con los últimos dos países).
El giro hacia el libre mercado también impulsó el comercio dentro de la región. Por ejemplo, los países del cono sur establecieron el mercado común de Mercosur y, al hacerlo, eliminaron aranceles y otras restricciones al comercio que existían entre Brasil, Argentina, Uruguay y Parguay. En 1996, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia fortalecieron el Pacto Andino de 1969 y formaron la Comunidad Andina de Naciones. Su meta fue eliminar los obstáculos al flujo del comercio y, eventualmente, de personas entre los países de la región andina. A la misma vez se establecieron varios acuerdos de libre comercio bilaterales entre países latinoamericanos, tal como el que firmaron México y Bolivia en 1994, Colombia y Chile en el 2006, y Chile y Perú en el mismo año.
Claramente, la adopción de las políticas “neoliberales” en los 1980’s y 90’s fomentó el comercio entre los países latinoamericanos con EEUU y entre ellos mismos.
ALCA: meta ambiciosa, obstáculos mayores
Mientras la instauración de los varios tratados bilaterales y subregionales de libre comercio ha llevado a que se incremente el intercambio económico de una manera más libre a través del hemisferio, algunos críticos han sugerido que es necesario reglamentar tal mescolanza de acuerdos comerciales y establecer una serie de pactos hemisféricos vinculantes.
Fue con este propósito que el ex Presidente Bill Clinton anunció en 1994, durante la Cumbre de las Américas, su intención de crear un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), cuyo fin sería eliminar los obstáculos al comercio desde Alaska a Tierra del Fuego.
Abarcando mercados en EEEU y a través de Latinoamérica y el Caribe, el ALCA, de haberse creado, hubiese representado el bloque de libre mercado más grande del mundo en cuanto al PIB. Sin embargo, diferencias políticas y dificultades logísticas aseguraron el fracaso de la instauración del ALCA. Para empezar, la impopularidad del Presidente George W. Bush tras la guerra en Irak y su abandono de las relaciones de EEUU con América Latina dificultó la posibilidad de que Washington pudiera liderar un esfuerzo para firmar un TLC regional, sobre todo tras el surgimiento de líderes izquierdistas en Venezuela, Argentina y Bolivia cuyo discurso se basaba en gran parte en popularismo antiamericano.
En cuanto a la logística, no fue posible sobreponerse al reto de que más de 35 países alinearan sus políticas económicas hasta el punto en el cual se pudiera aprobar un tratado regional. Con este fracaso, se hundió la iniciativa más ambiciosa para promover el libre comercio en el hemisferio.
Y ahora, ¿hacia dónde?
El fracaso del ALCA refleja más acerca de la dificultad de aprobar un acuerdo entre tantos países que de la predisposición de las naciones latinoamericanas hacia el libre comercio y el mercado libre. Es más, varios países siguieron implementando políticas para fortalecer la colaboración comercial con socios regionales y de otros continentes. Por ejemplo, Perú, Chile y México han buscado entrar al APEC (Cooperación Económica de Asia y el Pacífico) para integrarse a las economías emergentes de Asia tal como Singapur, Taiwán, Hong Kong y Corea del Sur. En mayo del 2008, Mercosur y la Comunidad Andina sostuvieron charlas con el fin de vincular estos bloques comerciales por medio de un nuevo acuerdo, el Unasur, el cual hubiese eliminado los aranceles y fortalecido los vínculos políticos dentro de un área geopolítica que contiene 400 millones de habitantes y un PIB mayor a los 4 billones de dólares.
Mientras tanto, Colombia y Panamá esperan la aprobación de tratados de libre comercio en Washington que, de ser ratificados, les daría acceso libre de aranceles a uno de los mercados más grandes del mundo. La inclinación de América Latina hacia el comercio libre todavía sigue vigente.
“El firmar tratados de libre comercio con países latinos no es una prioridad en este momento para el Presidente Obama.”
En el futuro, dos tendencias deberían dominar la política comercial de los países latinoamericanos. La primera es darle prioridad a la igualdad, pues, pese al hecho que el volumen total de comercio en la región ha tenido correlación con el incremento en el PIB a nivel nacional y per cápita en los últimos veinte años, la distribución de los ingresos sigue siendo preocupantemente desigual. Los líderes de la región deberían hacer un esfuerzo por incorporar a los millones de ciudadanos que operan en la economía informal al ámbito de las leyes, donde podrán tener mejor acceso al crédito, contratos, derechos de propiedad y otras herramientas necesarias para beneficiarse de las ventajas de economías basadas cada día más en las exportaciones.
La segunda tendencia que se debe empezar a dar es la independencia de los EEUU en asuntos comerciales. Por una serie de problemas políticos internos y externos, el firmar tratados de libre comercio con países latinos no es una prioridad en este momento para el Presidente Obama.
Sin embargo, esta no debe ser una razón para disminuir el esfuerzo por integrar el comercio internacional. Un buen paso a seguir sería continuar explorando las posibilidades en Asia, donde los “tigres asiáticos,” China e India ofrecen mercados lucrativos que pueden brindarle a América Latina una excelente oportunidad de crecer por medio de exportaciones sin tener que contar con Washington.
En este momento, se puede decir con cierta confianza que la región tiene el potencial de crecer económicamente en el futuro. América Latina aguantó la crisis financiera de 2008-2009 mejor que muchas otras zonas de países emergentes o inclusive industrializados. En los próximos años, los líderes de la región deberían desarrollar estrategias para variar las exportaciones y para crear un crecimiento basado en una distribución más equitativa de la riqueza.
Daniel Balke
Daniel Balke es un experto en el tema del comercio entre EEUU y la región andina. Ha trabajado como asistente de programa en el Inter-American Dialogue en Washington, D.C, concentrándose en la política legislativa de EEUU frente a América Latina. También fue el corresponsal legislativo en la oficina del Senador Jeff Bingaman (Demócrata de Nuevo México) y un organizador de la campaña presidencial de Barack Obama en el estado de Nuevo México. También es candidato a un M.A en Estudios Latinoaméricanos de la Universidad de Georgetown.




